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Hace más de dos siglos, las mujeres nos hemos organizado en contra la violencia estructural ejercida hacia nosotras. Esta violencia se ha traducido en la injusticia de ser tratadas como incapaces, siendo apartadas de la vida pública y política; a la vez, que, utilizadas dentro de la vida privada como cuerpos disponibles para gestar, cuidar, complacer y soportar. Después de largas luchas, hemos conseguido algunos espacios de participación y seguridad; que, hoy vemos amenazados por los avances de las políticas de género. La principal amenaza, se presenta en el intento de reemplazar la categoría de sexo por la de «identidad de género”, en la legislación de diversos países.
En este escenario nace Contra Borrado Chile, como un grupo de mujeres feministas quienes hemos decidido generar un movimiento social de resistencia en nuestro país frente a lo que denominamos el “borrado jurídico de las mujeres”.
Este intento por sustituir la categoría sexo, entendido como “las características físicas y biológicas que distinguen a hombres y mujeres” (Glosario de Igualdad de Género, ONU Mujeres), por la de «identidad de género» no es inocuo. A nivel jurídico y de políticas públicas, convierte la definición de mujer en algo completamente subjetivo y manipulable; invisibilizando de manera grave y transversal nuestra realidad como mujeres y niñas. Esto implica, atentar contra los principios señalados en los tratados internacionales de derechos humanos, como lo es la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Contra la Mujer; adoptada por la Asamblea General de Naciones Unidas (CEDAW en inglés, 1979) y ampliada por la Declaración de la ONU sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer (1993), entre otros.
Como Contra Borrado Chile, solicitamos con urgencia un debate social profundo, respecto de las consecuencias en el ámbito jurídico, a nivel estadístico, dentro del campo de salud, de la educación, de los deportes; y, cualquier otra área que se vea afectada por el cambio conceptual de sexo a género. Suplantación, que se traduce a nivel de políticas públicas en la inserción de normativas basadas en la identidad de género; promovidas por una ideología que no se sustenta en el rigor científico, ampliamente controvertida en su origen y que no se sostiene frente a un análisis crítico fundamentado.
Es importante recordarles a todas nuestras compañeras feministas que la opresión histórica de las mujeres ha sido en la base de nuestro sexo (realidad material) no de nuestra identidad- ya que a quienes ejercen violencia en nuestra contra, no les importa cómo nos sentimos o nuestra autopercepción-. Desde el feminismo, el “género” no es entendido como una identidad, sino como los roles, características, comportamientos, y estereotipos socialmente construidos e impuestos sobre las personas en función de su sexo (Miyares, 2018). Por otro lado, la ideología basal de la identidad de género arremete contra cualquier análisis que se haga, respecto a la opresión histórica de las mujeres. Asimismo, el concepto «perspectiva de género» ha sido capturado y fagocitado; ya no es útil, para analizar la situación de las mujeres; porque, bajo esta lupa, cualquier hombre que reclame una “identidad de género femenina”, estaría sufriendo algún tipo de violencia. La que podría variar, desde no respetar los pronombres adquiridos de forma unilateral y unipersonal; hasta decirle a un hombre que no puede ser mujer.
Las consecuencias de consagrar la «identidad de género» para las mujeres en las leyes son varias. Una de ellas, es que cualquier hombre pueda, a voluntad, cambiar su sexo registral y así acceder a los espacios exclusivos conseguidos para mujeres y niñas – diseñados de esta forma por nuestra seguridad, por nuestros derechos y por nuestra inclusión-. Otra importante, es que la categoría de «identidad de género» afecta el objetivo reparatorio de la paridad, ya que junto a esta pierde todo su sentido. ¿De qué sirve que las mujeres optemos al 50% de los cargos, si los hombres sólo por decirlo pueden ser considerados mujeres también?
Por las razones presentadas, consideramos peligroso utilizar leyes y políticas públicas para obligar a las personas a aceptar el dogma de que el sexo es mutable y se puede transicionar de uno a otro, cuando en la realidad dicha transformación es imposible. Esta narrativa implica poner en riesgo nuestros espacios seguros, nuestros límites de respeto y autocuidado; y, además, enseña a niñas y niños a dudar de su percepción de la realidad, y por lo tanto, su capacidad de detectar situaciones de amenaza. También los somete a tratamientos hormonales y quirúrgicos innecesarios que traen consecuencias permanentes para ellas y ellos.
Por último, consideramos importante recalcar que los sentimientos no son suficientes para argumentar cuando están en peligro los derechos y seguridad del 50% de la población, los derechos y seguridad de las mujeres. Por estas razones y muchas otras, invitamos a las mujeres de todo el país a reflexionar y cuestionar las consecuencias negativas de la imposición de la ideología de género; y, generar un debate social abierto y sin violencia.