Santiago, 3 de agosto 2026
Señora Michelle Bachelet Jeria
Ex Presidenta de la República
Ex Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos
Ex Directora Ejecutiva de ONU Mujeres
Presente
De nuestra consideración:
Nos dirigimos a usted como Alianza contra el Borrado de las Mujeres Chile, organización feminista dedicada a la defensa de los derechos de las mujeres basados en la categoría protegida de sexo biológico, reconocida en la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW). Hemos participado activamente en el debate público y parlamentario en diversas oportunidades, y en esta ocasión nos dirigimos a usted con relación al Boletín N° 17337-07, que modifica diversas normas en materia de familia con el propósito de prohibir toda forma de utilización de la mujer como vientre de alquiler. Lo hacemos con la convicción de que su voz, forjada en la medicina, en la militancia socialista y en la más alta institucionalidad de derechos humanos del planeta, tiene un lugar insustituible en esta discusión.
Usted ha dedicado su vida pública a dos principios que están en el centro de este proyecto de ley: que el cuerpo de las mujeres no es una mercancía a disposición de terceros y que la dignidad humana no admite condiciones económicas para su ejercicio. Como Directora Ejecutiva de ONU Mujeres y como Alta Comisionada para los Derechos Humanos, usted situó la explotación reproductiva y la trata de personas como asuntos centrales de la agenda internacional de género. El proyecto que hoy avanza en la Cámara de Diputados, el cual ya fue aprobado en general por la Comisión de Familia con el respaldo de parlamentarias y parlamentarios de casi todo el espectro político, incluida su propia bancada, no hace sino continuar ese mismo trabajo en el plano nacional.
Como médica y como socialista, usted conoce mejor que nadie que el consentimiento no existe en abstracto; existe o se erosiona según las condiciones materiales en que se ejerce. La industria de la maternidad subrogada, estimada en miles de millones de dólares a nivel mundial, no recluta indistintamente entre todas las mujeres; recluta entre aquellas cuya precariedad económica convierte el gestar para otros en la única mercancía disponible para vender. Que el contrato se llame «altruista» no cambia esa asimetría, solo la disfraza. Un análisis socialista de esta práctica no puede sino reconocerla como lo que es: una forma de explotación de clase que recae, como casi todas, sobre los cuerpos de las mujeres más pobres, muchas veces del Sur Global, para beneficio de quienes pueden pagar por ellos.
Sabemos también que esta causa no le es ajena en términos partidarios. La diputada Ana María Bravo, de su propio partido, el Partido Socialista, es una de las firmantes originales de esta moción. Su coautoría, junto a la de legisladoras y legisladores de casi todos los sectores, demuestra que la prohibición de la maternidad subrogada no es una bandera sectorial ni una imposición de valores conservadores sobre la familia, sino un punto de encuentro entre tradiciones políticas distintas que coinciden en un mismo diagnóstico; que la mercantilización de la gestación y de la infancia es incompatible con la dignidad humana. La propia Relatora Especial de Naciones Unidas, se ha referido sobre la venta y explotación sexual de niños y ha sido categórica en sostener que un hijo no es un bien o un servicio que el Estado pueda garantizar, sino una persona titular de derechos. Ese es el mismo marco de derechos humanos que usted representó ante el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas.
Somos conscientes de que gran parte de la cobertura mediática sobre este tema en Chile ha optado por centrar la conversación en los padres y madres de intención, en la «solución» que la subrogación representa para sus proyectos de familia, dejando en un segundo plano o derechamente fuera de la conversación a las mujeres gestantes y a los niños y niñas que son objeto del contrato. Esa es precisamente la razón de ser de nuestra organización: visibilizar aquello que el relato dominante prefiere no mirar. Un pronunciamiento público de su parte contribuiría a reequilibrar ese debate, devolviéndole a las mujeres en situación de explotación reproductiva el lugar de sujetos de derechos que la industria y buena parte de la prensa les niegan.
Por todo lo anterior, la interpelamos respetuosa pero firmemente a manifestar su apoyo público a este proyecto de ley, en su condición de referente indiscutido del feminismo latinoamericano y de la defensa internacional de los derechos humanos. Su palabra tiene el peso de dar a esta causa una proyección que trasciende las fronteras de Chile, en un momento en que el país tiene la oportunidad de volver a situarse, como en otros episodios de su historia, a la vanguardia en la lucha contra la explotación de personas.
Las mujeres no somos vasijas. Los niños y niñas no son mercancías. Un socialismo coherente con sus propios principios no puede sino prohibir su compraventa.
Sin otro particular, la saludamos con nuestro más profundo respeto,
Alianza contra el Borrado de las Mujeres Chile