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Apoyamos proyecto contra la explotación reproductiva en la Comisión familia de la Cámara

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En el marco de la discusión preliminar el proyecto de ley que modifica diversas normas en materia de familia con el objeto de prohibir toda forma de gestación subrogada o vientres de alquiler. Fuimos invitadas a presentar  nuestra postura como organización feminista. Dejamos a continuación en texto de lo presentado ante los miembros de la comisión: 

A los y las Honorables miembros de la comisión familia de la Cámara:

Nos dirigimos a ustedes como representantes de la sociedad civil organizada, agrupadas en la Alianza Contra el Borrado de las Mujeres en Chile, con el firme compromiso de contribuir a una sociedad más justa, equitativa y libre, centrada en el respeto y promoción de los derechos de las mujeres, quienes representamos la mitad de la población mundial y somos pilares fundamentales del desarrollo social.

Nuestra organización surge como una respuesta feminista a lo que identificamos como el «borrado jurídico de las mujeres», una tendencia preocupante en la legislación internacional que sustituye la categoría sexo por la de género, relativizando las desigualdades estructurales que afectan a mujeres y niñas. Esta tendencia amenaza con socavar los derechos adquiridos gracias a décadas de lucha y es contraria a instrumentos internacionales como la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW, 1979) y la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer (ONU, 1993).

En este contexto, expresamos nuestro respaldo al proyecto de ley que modifica diversas normas en materia de familia con el objeto de prohibir toda forma de gestación subrogada o vientres de alquiler. Consideramos que esta legislación representa un avance significativo en la protección de los derechos de las mujeres y de la infancia, conforme a la Convención sobre los Derechos del Niño, particularmente sus artículos 21, letra d), y 35.

Desde una perspectiva feminista abolicionista, sostenemos que toda forma de explotación sexual y reproductiva debe ser eliminada, al igual que la trata de mujeres e infantes y los roles de género impuestos. En este marco, la gestación subrogada constituye una forma moderna de explotación reproductiva que vulnera la dignidad, integridad física y psíquica, y autonomía de las mujeres.

La salud sexual y reproductiva de las mujeres es un derecho humano fundamental, tal como lo han establecido el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (CESCR) y el Comité CEDAW. Esta incluye el derecho a la integridad corporal, a no ser sometidas a tratos crueles, inhumanos o degradantes, y a vivir libres de toda forma de discriminación. La gestación subrogada, ya sea comercial o «altruista», contraviene estos principios al instrumentalizar el cuerpo de las mujeres y someter su voluntad y salud al cumplimiento de contratos ajenos.

Aunque la gestación subrogada se ha presentado en varias oportunidades como una alternativa más de natalidad, es necesario recordar que el procedimiento médico que implica la subrogación, pone a disposición de un deseo ajeno, no solo el cuerpo de la gestante, sino que compromete también su integridad psíquica: el embarazo no transforma únicamente el cuerpo de la mujer, sino también su mente. Los cambios hormonales afectan profundamente su estado emocional y bienestar psicológico, tanto durante los nueve meses de gestación como en el periodo posterior al parto. No hablamos del “arriendo de útero”, hablamos de arrendar una mujer íntegramente, de controlar sus tiempos, sus movimientos en sociedad, de permitirle o no ver a su familia, de mentir o no mentir ante los entes reguladores, que supervisan el proceso de subrogación.

Si bien sabemos que, el vientre de alquiler no está regulado en Chile, en redes sociales existen grupos destinados a captar mujeres con este fin, dando incluso recomendaciones sobre cómo llevar el proceso, siendo este informal y sujeto a las reglas del mercado a nivel internacional, generalmente tranzado en monera extranjera (dólares).

En enero del año 2024, bajo el proyecto “Vientres de alquiler”, realizado por el equipo de Contra el borrado de las Mujeres Chile, tuve la oportunidad de inmiscuirme en el proceso de captación de estos grupos. En un plazo de 48 horas, recibí más de 15 solicitudes para poder alquilar mi vientre. Las propuestas incluían mantener relaciones sexuales directas, realizar el proceso de fertilización in vitro con mi ovulo, en el caso de parejas homosexuales, o contratar servicios con clínicas de fertilidad en el país de destino, en este caso México.

En dichos grupos, la constante para las mujeres que se ofrecían como gestantes, era el poder criar con menos dificultades económicas a sus hijos ya nacidos y poder dejarles algún patrimonio. Así también, lo confirmó Carey Núñez, una gestante subrogada a quien entrevisté bajo el mismo proyecto antes mencionado. La entrevista completa, se encuentra en la página web de Contra el Borrado de las Mujeres Chile.

Como bien ustedes saben, somos una organización feminista y estudiar la categoría género y sus imposiciones sociales es fundamental, pues es una herramienta de análisis que está a la base de todo lo que nos sucede como hembras de la especie humana.

El género, a diferencia de lo que se entiende hoy popularmente, no es lo que somos, sino lo que se espera que seamos. En el caso de las mujeres y desde el feminismo, el género se entiende como una herramienta de dominación, un margen que limita nuestro rol en la sociedad, de manera muy sutil, pero precisa. Para hacerlo un poco más didáctico podríamos decir que todas sabemos cómo arreglarnos todas las mañanas: lo justo para que no nos pregunten “qué nos pasó”, pero no tanto como para que nos pregunten “qué nos pasó”. Esa, es la cultura que hemos construido en base a estereotipos de la mujer ideal o el correcto comportamiento de una “señorita”; la sociedad nos marca límites y nosotras al estar insertas en este marco cultural nos criamos para acatarlos. El género es un corriente en la cual te dejas llevar, acatando sus imposiciones estéticas, culturales y roles sociales, pues cuando te enfrentas a esas imposiciones, sabes que están nadando contra la corriente.

La gestación subrogada se apoya en esta lógica de desigualdad estructural. Existen condiciones materiales que empujan a las mujeres a ofrecer su cuerpo para la reproducción ajena, como la pobreza, la precariedad laboral y las cargas del trabajo doméstico no remunerado. Estas condiciones están directamente vinculadas al género y perpetúan la idea de que las mujeres existen para satisfacer deseos ajenos.

Si leen la entrevista, se podrán dar cuenta de la cantidad de irregularidades que vivió Carey para llevar a cabo su embarazo gemelar, con el que estuvo al borde de la muerte. Aun así, bajo la pregunta de si habría realizado el proceso de maternidad subrogada, sino hubiera tenido problemas económicos, contestó que sí, lo habría hecho por algún familiar o alguien cercano.

Carol Gilligan, una destacada filósofa estadounidense, en su libro “In a Different Voice”, de 1982, nos enseña una visión distinta de la moralidad entre hombre y mujeres. Mientras los varones abordan la moralidad desde el sentimiento de justicia, las mujeres lo hacemos desde el cuidado y, ¿quién nos enseñó a cuidar?

En nuestra sociedad, el altruismo y el sacrificio son valores que las mujeres aprendemos a asociar con nuestra identidad, especialmente en roles relacionados con la maternidad. En esta parte quiero detenerme para poder hablarles de una experiencia personal. Esto, no tiene que ver directamente con la maternidad subrogada, pero quiero poder poner sobre la mesa, un testimonio real en base a la industria sexual.

Hace 15 años, fui donadora de óvulos, de forma altruista. Yo no recibí ninguna compensación más que la de saber que estaba ayudando a alguien a quien amaba con todo mi corazón. No dudé ni un segundo en hacerme parte del proceso, porque sabía que ella iba a ser feliz si el tratamiento resultaba, pero, con el pasar del tiempo y al hacerme consciente de que fue lo que pasó, a día de hoy me niego rotundamente a que sigan viendo a las mujeres como máquinas de reproducción.

Yo vengo de una familia tradicional chilena, donde las mujeres servían y los hombres hacían la sobremesa, donde las mujeres criaban y los hombres proveían, donde para ser hombre debías iniciarte sexualmente y para ser mujer, tenías que parir.

Mi tía nunca pudo parir. Tuvo un embarazo ectópico que fue lo más cerca que estuvo de poder “ser mujer”. Qué irónico, porque en la sobremesa nunca estaba. Los varones de mi familia les encantaba hacerle saber que ella no era una mujer digna de nada. “Mula” era lo más suave que le gritaban cuando de herirla se trataba. Yo la vi llorar y sabía el dolor que esos gritos provocaban: “Estás seca, no sirves”. Buscando tratamientos de fertilidad, le ofrecieron el procedimiento de ovodonación. En cuanto supe, no dudé un segundo en ofrecerme como donante.

A mis escasos 18 años, tuve que inyectarme bombas hormonales para hacer madurar mis óvulos.  Estuve cerca de un mes y medio sometida a una rutina de inyecciones y pastillas que sinceramente no deseaba, pero ahí estaba yo, ayudando. Me sacaron 16 óvulos maduros, de los cuales, ninguno llegó a ser un bebé. Ningún hombre en mi casa lo supo nunca. Todas las mujeres involucradas, nos arrepentimos de haber considerado el procedimiento.

Mi tía nunca fue una mujer de niños. Siempre dijo que no quería uno, hasta que las agresiones comenzaron.

Por estas razones y demás argumentos que el feminismo ha desarrollado, respaldamos los diez puntos fundamentales establecidos por el manifiesto internacional «No Somos Vasijas», firmado por filósofas y autoras feministas, que denuncian la gestación subrogada fundamentadas en:

  1. Derecho a decidir: La maternidad subrogada niega a las mujeres gestantes su autonomía sobre el embarazo y las decisiones relacionadas con la crianza del niño.
  2. El derecho a elegir: La maternidad subrogada impide la capacidad de elección de las mujeres, imponiendo sanciones si se alteran las condiciones del contrato.
  3. Control sexual de las mujeres: La maternidad subrogada es una forma de control sexual, similar a prácticas históricas como los matrimonios forzados o la compra de dotes.
  4. Violencia obstétrica: Alquilar el vientre no es una técnica de reproducción, sino una forma extrema de violencia obstétrica que convierte a las mujeres en simples máquinas reproductoras.
  5. Mercantilización y tráfico: Aunque se argumente el «altruismo», la maternidad subrogada implica el tráfico de mujeres y la compra de bebés, perpetuando la idea de que las mujeres existen para servir a los demás.
  6. Comercialización: Legalizar la maternidad subrogada “altruista” incrementa la comercial, pues no se puede evitar la corrupción ni la explotación de las mujeres gestantes.
  7. Crítica al neoliberalismo: El mercado de vientres de alquiler se basa en la desigualdad de las mujeres, explotándolas en un negocio que fomenta el tráfico reproductivo.
  8. No se puede alquilar a las mujeres: La maternidad subrogada no es parte de una “economía colaborativa”, sino una forma de consumo patriarcal que reduce a las mujeres a objetos de compra o alquiler.
  9. Eufemismos y mercantilización: Llamar a la maternidad subrogada por su nombre es fundamental, ya que es una práctica que cosifica a las mujeres y mercantiliza el deseo de ser padres.
  10. Derechos humanos: Desde una perspectiva de derechos humanos, rechazamos el uso de las mujeres como contenedores para la reproducción, pues el derecho a la integridad del cuerpo no debe estar sujeto a ningún contrato.

Basado en: https://observatorioviolencia.org/manifiesto-no-somos-vasijas/

A partir de lo que indica la académica Laura Nuño, al recurrir a los vientres de alquiler, se reduce a las mujeres gestantes a simples recipientes biológicos, lo que revive una visión patriarcal, en la cual las mujeres son concebidas como instrumentos para materializar los deseos y proyectos de otros.

El debate sobre la legalización de la gestación subrogada comercial no puede limitarse a una perspectiva centrada exclusivamente en la autonomía individual o en los deseos personales. Debe reconocerse que las decisiones legislativas configuran el marco del contrato social, al establecer las reglas que rigen nuestra convivencia, legitimar determinadas prácticas e influir en la cultura política. La legalidad confiere legitimidad, y ambas determinan un horizonte ético que no puede reducirse a una elección entre males menores, sino que debe orientarse hacia la búsqueda del bien común.

La integridad física y moral de las mujeres, así como el derecho de niños y niñas a contar con una tutela adecuada —ya sea materna, paterna o del Estado—, son principios esenciales de toda democracia y están reconocidos por nuestro ordenamiento jurídico como bienes colectivos. En cambio, el deseo de ser padre o madre no constituye un derecho garantizado, del mismo modo que no existe un derecho a obtener un órgano por muy urgente que sea la necesidad.

Creemos que, el marco jurídico de una democracia debe privilegiar el bien común, la dignidad humana y la protección de quienes están en situación de mayor vulnerabilidad. Legalizar la gestación subrogada, incluso bajo la figura del altruismo, equivale a institucionalizar una forma de sometimiento que profundiza las brechas de género y económicas.

Chile tiene hoy la oportunidad de liderar en la región una legislación valiente, basada en los derechos humanos y la igualdad sustantiva entre mujeres y hombres. Les instamos a rechazar cualquier forma de gestación subrogada, proteger a las mujeres de la explotación reproductiva y salvaguardar a niños y niñas del tráfico infantil encubierto.

Adjuntamos como anexo testimonios internacionales y enlaces que documentan los efectos devastadores de esta práctica en distintos países.

 

Con respeto y firme convicción,

Alianza Contra el Borrado de las Mujeres – Chile